La gran desventaja de la IA no es que cometa errores, es que es aburridamente predecible. Está programada para evitar el riesgo y buscar patrones.
Los humanos, en cambio, somos maestros de la impredecibilidad. Rompemos patrones. Decimos una cosa y sentimos otra. Nos contradecimos. La máquina opera en base a probabilidades; nosotros operamos en base a posibilidades imposibles. La IA puede escribirte un poema perfecto, pero solo un humano puede vivir una historia lo suficientemente loca como para inspirarlo.
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